Me había dicho que me pusiera el collar que había dejado sobre la mesa y esperara desnudo de cara a la pared, pegado a ella, con las piernas abiertas y los brazos en cruz. Estaba abstraído en mis pensamientos, cuando al oír el ruido de sus tacones me invadió una mezcla de sensaciones, respeto, temor, deseo, anhelo… Se quedo detrás de mí, sin hacer ningún ruido unos inquietantes segundos. Apenas sentí el frio del metal en mis testículos que ya los tenía apresados por un anillo genital del que colgaba una cadena con unos pesos. - “¿De quién son esos huevos? Perro.” Dijo mientras los cogía con fuerza y los retorcía. - “Suyos, mi señora.” Le dije mientras ella seguía estirando y retorciéndolos aún más. Con su cuerpo apoyado sobre el mío, aplastándome contra la pared, siguió estirando de ellos, esta vez hacía atrás y hacía arriba, hasta hacerme soltar un gemido de dolor. Finalmente los liberó, se agachó, deslizando sus uñas por mí espalda y me mordió la nalga, dejando, con...
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